viernes 13 de enero de 2012

Mein Kampf y su prohibición.



Una de mis primeras sospechas de la “prohibición” de Mein Kampf era mi incapacidad para adquirir un ejemplar. Cada vez que leía algo sobre Hitler (posiblemente el líder más popular de la historia europea) se hacía mención de sus “desvaríos de loco." Era simplemente extraño el no poderse hacerse con un libro para que yo pudiera opinar por mí mismo.
Luego, cuando cumplí veinte años pedí una copia de una librería esotérica en Irlanda. Mi formación política todavía estaba en aprendizaje cuando me senté a leer el libro, un libro que a pesar de todo lo posible para negarlo a los lectores era el segundo, después de la Santa Biblia, en popularidad.

Fue fascinante descubrir que había muy poco en el libro que cualquiera describiría como político. Era un relato de una lucha épica por los abanderados de un revolucionario sistema social, ni comunista ni capitalista, simplemente: nuevo.

Para ser honesto, político o no, se trataba de una buena lectura sobre una gran aventura de la lucha de unos pocos hombres valientes contra un enemigo abrumador.


He leído las hazañas similares, tipo “David v Goliat” en sagas de levantamientos contra la tiranía, en el que la valentía y la fortaleza, ante situaciones imposibles, fueron inspiradoras de grandes episodios. Eso es lo que he encontrado en “Mein Kampf”.

Encuentro obscena por parte de los tribunales españoles, la censura, la persecución y el encarcelamiento de Pedro Varela por vender Mein Kampf y que pone al sistema judicial español a la altura de la Inquisición.

Tengo una idea para ayudar a Pedro Varela: Usemos nuestro dinero comprando las copias de Mein Kampf que encontremos (podemos obtenerlos con un descuento por cantidad), y regalémoslos a quienes creamos que vale la pena hacerlo.

Esta experiencia nos hará sentir como un librero y, fundamentalmente, ayudaríamos a una mayor difusión del libro más censurado de la historia, en el que se narra una gran historia de aventuras.

Michael Walsh.

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